El jonuco
Esto no es más que un ejercicio para poner en palabras parte de los pensamientos que me asaltan en mi día a día. No tengo tiempo ni energía para escribir un cuento entero, pero tengo ganas de poner algunas de estas cosas “allá afuera” para que otros, quien sabe quienes, las lean.
17 marzo 2026
Se perdió mi recuerdo de lo que pensaba mientras venía en el metrobus escuchando la lluvía repiquetear en las ventanas. Sólo me queda lo que pensé cuando bajé las escaleras del edificio para tirar la basura.
Al salir me encontré con el jonuco, creo que nunca he usado esa palabra en toda mi vida en ninguna conversación, se la aprendí a mi director de tesis de la licenciatura. Aprendí muchas cosas de él. Como puedo escribir lo que quiera y como quiera, quizá también me sirva este espacio para poner todas esas palabras que me gustan y que no tengo ocasión de usar, pero que me gustaría usar de vez en cuando.
La cosa es que en cuanto vi el dichoso jonuco, de inmediato pensé en todos los planes que tuve en algún momento cuando llegué a vivir aquí. Planes que hasta dije en voz alta y que como muchas cosas en la vida, no sucedieron y posiblemente no sucederán.
Íbamos a poner un rack para las bicicletas, se suponía que íbamos a ir comprando macetas poco a poco para cambiar esas horribles plantas artificiales que hay en varios de los pasillos. No sé a quién se le ocurrió poner plantas artificiales, se ven tan falsas, tan sin vida, que en mi opinión causan el efecto contrario a lo que se pretendía. Se suponía que íbamos a poner otras macetas en el espacio de hasta abajo para poder ver algo verdecito cuando nos asomamos por la ventana.
No hay rack para las bicicletas, las plantas de plástico siguen ahí acumulando polvo, no hay macetas en la planta baja y además ahora estoy aquí en esto que iba ser un proyecto familiar y que se convirtió en mi departamento, pero sin proyecto familiar.
Yo también tengo una planta de plástico, es una orquídea de Lego superbonita que armé yo mismo, está en mi escritorio sobre dos libros que no he terminado de leer en un año. Más proyectos inconclusos poblando este departamento. Todo a la vista de ese diablo rojo que compré con LA un día mientras caminábamos por la Roma y que ahora es como un guardián que todo ve, todo escucha, no es ni omnisciente, ni omnipresente, pero tiene un poco de eso. Además sobrevivió al descuido de la señora G, quien lo dejó ahí todo desvalido, como esperando que nadie se diera cuenta de su desperfecto. Pero cómo no me iba a dar cuenta si no podía haber sido nadie más que ella. ¿O quizá se fracturó el mismo? Como el diablito de la canción que buscaba su guitarra.
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