Sertralina para no morir en el intento
Esto no es más que un ejercicio para poner en palabras parte de los pensamientos que me asaltan en mi día a día. No tengo tiempo ni energía para escribir un cuento entero, pero tengo ganas de poner algunas de estas cosas “allá afuera” para que otros, quien sabe quienes, las lean.
Aprendí desde muy temprano que ser paciente era algo positivo, algo deseable, una cosa que merecía ser cultivada y de la que mis padres se sentían orgullosos. Recuerdo a mí papá presumiendo-me [sic] ante amistades y familiares repitiendo una frase que alguna vez debí haber dicho: mañana cuando el sol salga. Lo que seguí después de ese mantra era la postergación de algo. Mañana cuando el sol salga, me compras tal cosa, mañana cuando el sol salga, vamos a tal lugar, etc. La cosa es que eso no siempre pasaba, pero como cualquier caso de intervalo variable, el condicionamiento fue efectivo.
No puedo decir que todo lo que resultó de eso sea una cosa negativa. Después de todo aprendí desde una edad temprana a tener cierto autocontrol sobre mí mismo. Autocontrol que me ha servido bien a lo largo de la vida, pero que también ha hecho muy dificil muchas situaciones que deberían haber sido más sencillas. En muchas ocasiones me ha hecho sentir menos importante, sentirme resentido con gente a la que quiero, esperar que pase algo que nunca pasa, etc.
Ya no recuerdo las veces que me dejó de hablar en el curso de nuestra historia juntos. Creo que la primera vez fue en una banca en el parque. Aunque él me había insistido en que saliéramos en plan formal, cuando accedí terminó por decirme que mejor no. Y ahí fue la primera vez que esperé. No recuerdo que le dije, pero debió ser algo como que se tomara las cosas con calma, que fuera viendo como se sentía.
Luego tiempo después me dijo que ya no quería seguir saliendo conmigo. Lo bueno de que esto no sea un cuento es que no necesito ponerme a cortar la historia completa. La cosa es que me dejó. Yo empecé a salir con un impresentable, y al poco tiempo regresamos. Yo le dije que no lo iba a presentar como mi novio porque tenía miedo de que me la volviera a aplicar, pero al cabo de dos o tres meses ya todo era como antes. No como antes, mejor, como dice Pamela Palenciano.
Luego me puse a esperar que le volviera a gustar. No a que me volviera a querer, porque siempre me sentí querido, pero sí que le volviera a gustar. Creo que eso nunca volvió a pasar. Como dije antes, no todo es tragedia, dejé el yoga y la natación y me puse a hacer pesas, quizá no lo habría intentado de no tener el incentivo de volverle a gustar. Está bien ser un señor de cuarenta años con un cuerpo tonificado.
Ese dia que llegó corriendo convencido de que había alguien en el depa, no sé si diría que esperé o que fui paciente. Igual teníamos una relación abierta por lo que habría sido perfectamente legítimo que yo estuviera con quien yo quisiera, pero fui paciente, intenté ponerme en su lugar y me puse a darle explicaciones. Le rogué que no se fuera y finalmente aceptó quedarse.
A veces pienso que soy una persona antes y después de P. Creo, no estoy seguro, que si estás cosas me hubieran pasado antes de P no me lo habría pensado dos veces antes de comportarme como un niño caprichoso y altanero y desde esa altanería actuar muy distinto. Después de P, algo cambió en mí. Me di cuenta que no podía dar por sentado el amor que alguien tenía hacia mí y que debía tratarlo como algo preciado, que se toma entre las manos con el mayor cuidado. Casi como Houl levanta a Calsifer en el Castillo vagabundo.
Así quería tratarlo, así quería hacerlo sentir y creo que terminó siendo lo contrario.
También le rogué que no se fuera de la casa, no entiendo porque las personas dejan con tanta frecuencia que su orgullo se entrometa en su felicidad. Pero ahora me doy cuenta que hay una línea delgada y a veces confusa y que de vez en cuando debemos privilegiar nuestro orgullo para no sacrificar nuestro propio amor.
La tercera vez que me dijo que se iba, ni siquiera quise bajar a hablar con él. Y la verdad es que me arrepiento mucho de no haberlo hecho, A lo mejor si tuviera más experiencia con el orgullo, me habría dado cuenta que ese sí era un buen momento para dejar el orgullo al lado.
Es ingenuo pensar que los cambios van a suceder de un día para otro, quizá por eso tantas veces me ha parecido prudente esperar, dar otras oportunidades, etc. Siempre me es tan complejo decidir cuándo sí y cuándo no. Supongo que lo que lo complejiza es la falta de dolo, no hay maldad de por medio, solo un ímpetu descontrolado. Que bueno que no se trata de aprender fuego control. Que bueno que en ese universo yo optaría por ser un maestro aire.
Hoy E me recordó la vez que tuve una crisis de ansiedad en el MB, iba de camino a dar clases a la universidad y creí que me iba a morir. No puedo creer que ya van casi dos años! Fue el 11 de noviembre de 2024. Ya lo fui a buscar en el chat. Casi no lo recordaba. Ansiedad por la sobrecarga de trabajo, por el rompimiento, por mi preocupación por su salud, por mi propia crisis de la edad. Un año y cuatro meses de dolores en el pecho, en el brazo, bruxismo, crisis y apenas hace un mes decidí ir con el psiquiatra, porque ser paciente me está matando… porque siempre parecía que podía sacer mis notas de la carrera (broma) y autogestionarme.
Ahora estoy en una etapa 3.0, parece que es un lugar integrador, un punto medio entre el Jacob preP y postP con todo lo que hay en medio. Y tratando de no morir en el intento.

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